El Caleuche

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El Caleuche

EL CALEUCHE


El Caleuche.  Su nombre deriva de los términos mapudungun Kalewtun que significa "transformar" y che, "gente"; es decir "gente transformada", aunque también recibe otros nombres como "Buque de arte", "Barcoiche", "Buque de fuego".  Se cree que su origen  data de una versión modificada de la leyenda del "Holandés herrante", o lo que es más interesante, de un barco real navegado por un pirata, también holandés, llamado Vincent Vaneucht que recorrió el archipiélago chileno con sus fechorías y contrabandos.  El barco en cuestión desapareció sin dejar rastros, seguramente producto de un naufragio.  Su nombre era "El Calanche".

La leyenda cuenta que el Caleuche es un buque que navega y vaga por los mares de Chiloé y los canales del sur. Está tripulado por brujos poderosos, y en las noches oscuras va profusamente iluminado. Tiene alumbrado y velamen color rojo, por andar tripulado por brujos. Por lo general, en sus navegaciones no cesa a bordo la música. Se oculta en medio de una densa neblina que él mismo produce. Jamás navega a la luz del día.

Si casualmente alguna persona que no sea bruja se acerca, éste se transforma en un simple madero flotante; y si el individuo intenta apoderarse del madero, éste retrocede. Otras veces se convierte en una roca o en otro objeto cualquiera y se hace invisible. Sus tripulantes se convierten en lobos marinos o en aves acuáticas. Se aseguran que los tripulantes tienen una sola pierna para andar y que la otra está doblada por la espalda, por lo tanto andan a saltos y a brincos. Todos son idiotas y desmemoriados para asegurar el secreto de lo que ocurre a bordo.

Al Caleuche no hay que mirarlo, porque los tripulantes castigan al que lo mira volviéndoles la boca torcida, la cabeza hacia la espalda o matándoles de repente, por arte de brujería. El que quiera mirar al buque y no sufrir el castigo de la torcedura, debe procurar que los tripulantes no se den cuenta de su audacia.

Este buque navega cerca de la costa y cuando se apodera de una persona, la lleva a visitar ciudades del fondo del mar y le descubre inmensos tesoros, invitándola a participar en ellos con la sola condición de no divulgar lo que ha visto. Si no lo hiciera así, los tripulantes del Caleuche lo matarían en la primera ocasión que volvieran a encontrarse con él.

Todos los que mueren ahogados son recogidos por el Caleuche, que tiene la facultad de hacer la navegación submarina y aparecer en el momento preciso donde se le necesita para recoger a los náufragos y guardarlos en su seno, que les sirve de eterna mansión. Cuando el Caleuche necesita reparar sus cascos o sus máquinas, escoge de preferencia los barrancos y acantilados, y allí, en las altas horas de la noche, procede al trabajo. 


Este buque arriba de preferencia a tres puertos que son: Llicaldac, Tren-Tren, en la costa del departamento de castro, y Quicaví, donde esta la cueva y la corte del rey de los brujos. El rey de la cueva abandona su caverna y monta en un Caballo Marino, que avanza con más velocidad que el Caleuche, para cruzar las olas y subir a su barco de los espíritus. 

  
En días de neblina, quienes han logrado verlo, cuentan que es un barco maravillosamente iluminado y que su tripulación (Brujos), cantan y bailan al compás de preciosas melodías con las cuales atraen y encantan a algunos comerciantes para que los surtan de mercaderías. Se cuenta que los comerciantes que han tenido contacto con los brujos, se iniciaron con pequeñas cosas y hoy son comerciantes prósperos e importantes en la zona.
 
Este Barco al desaparecer en forma inesperada deja en el ambiente un extraño ruido de cadenas y los ecos de la música.